viernes, 5 de mayo de 2017

La buena gente



A la puerta, en la sombra, acompañado del perro que guarda al tiempo que acompaña prudentemente apartado para dejar que asome la brisa del aire que respira sin agobiar.

No está solo, ni como los granujas cuando actúan, en compañía de otros, está tranquilo, sesteando, disfrutando del reposo que se intercala entre la labor  y la faena. Nota la presencia de alguien ajeno, un extraño con una cámara de fotos que se aproxima, el perro inteligente sigue en sus asuntos y no se inmuta, total para que, uno y otro descubren mi inocencia, no hay más problema que el de verse obligado a alzar la mirada y cumplir, por el respeto que la cuna otorga a los castellano viejos, con un saludo formal.

Cumplimentado el tratamiento me disculpé por alterar su reposo, solicité permiso para realizar la fotografía y autorizado pulse el disparador para impresionar el negativo con la imagen que ahora comparto.

Mientras miraba por el objetivo, me pregunto sobre mi origen y comenzó una conversación distendida y entrañable, en la que comentamos del trabajo, del calor del verano, de las madrugadas para evitar el estío en lo posible, de la importancia del agua para su cosecha, de los hermanos que habían migrado a la capital, de la poca gracia que hacía el fútbol, de la pasión que suscitaba el mundo de los toros; la lidia con sus faenas de capote, trasteos, quites …, se entusiasmaba comentando sobre la maestría de Julio Robles su torero preferido, no solo por ser paisano, natural de Fontiveros, también por ser el mejor sin lugar a dudas.

Me contó  que esperaba impaciente la feria de Piedrahita para vivir la fiesta desde el tendido de sol, como procede en el presupuesto de la gente sencilla.


Como es natural también conversamos sobre mujeres, pero de lo glosado sobre este asunto, de la filosofía de la tierra, la presunción de los caciques, y otras cuestiones, les contaré posiblemente en otro momento.

1 comentario:

  1. Lo especial de lo cotidiano, así se aprecia mejor la vida...

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