miércoles, 14 de septiembre de 2016

Amores de tierra adentro


Anda uno por la vida de calle en calle 
sin conocer el nombre del  puerto 
al que arribar cuando das la vuelta a la esquina.

Y es que puede parecer raro encontrar un puerto tierra adentro
y vivir la fantasía de subir a una barca sin remos 
invitando a navegar descalzos.

Pues no es habitual entrar en la cantina de un puerto
como un pirata que hace escala,
y sentir el resplandor del carmín en una sonrisa insinuante
luciendo como si tropezaras con la musa de un hechizo.

Claro que no es frecuente contemplar la noche 
rumbo río abajo,a toda vela 
entre el humo de hogares,
el brillar en las orillas de los pastos de las vegas, 
y el reflejo de la luna.

Mientras chispean las miradas,
hablan los silencios tan formales,
surgen los versos, 
callan los besos 
corren entre copas, risas y muecas 
los deseos que alimentan,
la humedad del sexo destilado.

Está la vida llena de muelles
y piratas que disfrutan de un amor en cada puerto,
y uno se pregunta:

¿serán ciertas las ilusiones que nacen tierra adentro?.
¿Qué hacer y qué decir al chocar de frente y sin paragolpes
con el carmín que al tiempo que fascina te enamora?.

Pues sucede que te apunta la sonrisa de la estrella
y no sabes si el disparo que suena a  bocajarro
es de verdad o de fogueo.

A veces escuchas el pum, pum del latir de corazones
en un viaje que parece de ida y vuelta,
y puedes despertar escuchando la banda sonora de Pearl Harbor
en un  puerto sin agua,
y un velero de atrezzo.

Entonces descubres que nada tiene que ver
con las tabernas del barrio de La Viña


y su empedrado resplandeciente a la luz de la luna

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