lunes, 11 de julio de 2016

Despertar a la vida


Con el  corazón asomando de puntillas por el trastero de mis recuerdos
donde reposan el viejo aro,
la bolsa de canicas,
el futbolín,
las chapas,
el patinete,
la bicicleta sin rodines,
el tirachinas,
los cromos de Kubala, Di Stefano, Peiro, Pele…
junto a los regates de Garrincha,

las jornadas deportivas con mi padre,
y su repertorio de canciones tradicionales,
la zapatilla de mi madre y sus cocidos,
las partidas de parchís en la mesa camilla con mi hermana,

alguna costra de viejas heridas,
un puñado de mocos del invierno,
un tarro con lágrimas…

Entre tantos recuerdos y emociones,
agarro el frasco de sonrisas

y voy abriendo  los ojos al escuchar la voz que pregunta:
¿Cómo te encuentras?

Entonces mientras se ilumina la estancia
y repiquetea el pum, pum de mis latidos
miro, veo y leo los carteles,

siento que escucho y oigo las palabras,
y en ese momento en que percibo la sonrisa,
respondo  a la ternura de Arancha
con un guiño 
y dos palabras:

¡Estoy feliz!

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