martes, 31 de agosto de 2010

Cerdos caseros


En el pueblo quien podía, con un poquito de pienso y restos de comida, mantenía un cerdo durante el año y llegado San Martín (11 de noviembre), procedía a matar el gorrino, descorchar el vino y disfrutar, pues siempre se ha dicho que desde el hocico hasta el rabo, no solo no tiene desperdicio, también es bueno el marrano.

Con el tiempo uno creía que se había trasladado la residencia del cochino, abandonando la vieja cuadra cercana de la casa, para pasar al campo, donde la bellota y los paseos, aumentan la calidad de los puercos.

Comparto la sorpresa de encontrar, puestos a la venta, cerdos caseros, que uno imagina como antaño, criados en domicilio, para disfrutar sus múltiples sabores.

Engordar para llegado noviembre, quitarse un "peso" de encima. Más de uno quisiera, posiblemente.

7 comentarios:

  1. Pero mira que esta rico el cerdo!!!

    Como dicen algunos, de los cerdos estan bueno hasta los andares.

    Besos

    ResponderEliminar
  2. No te fies del cerdo casero que anuncian en las carnicerías. Los realmente caseros se crían para los amigos. Yo tuve un vecino que criaba para él y para mi. Ya no lo hace, es demasiado trabajo.
    Hoy están en granjas, a pleno rendimiento. Los criados a bellota, en el monte son pocos, seleccionados y carísimos.

    ResponderEliminar
  3. Llego, me quedo y disfruto de tu maravilloso trabajo.


    Voy a recorrer tu espacio, con tu permiso.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. me encanta el letro porque tiene un doble sentido muy divertido.

    cuando era pequeña mis padres tenían "animales en casa" así se decía por aquí, es decir, unas gallinas, unos conejos, cerdos. Más adelante hasta llegamos a criar un ternero para la matanza. También "plantaban", se le llamaba así al autoconsumo: lechugas, judías, tomates, pimientos, cebollas, acelgas... de todo un poco. Con los años fueron dejando parte del trabajo porque mi padre cuidaba de su pequeña granja además de su trabajo en Navantia, el astillero. Recuerdo las matanzas, los gritos del pobre cerdo que a mí me ponían los pelos de punta, pero también recuerdo el sabor de la zorza, el sabor de los chorizos ahumados que mi madre hacía, y un montón de cosas más.

    ¡que tiempos tan trabajosos!

    biquiños,

    ResponderEliminar
  5. Aún hay "rincones" de este país dónde se sigue la costumbre...cada vez menos, nuestros pueblos se van quedando vacíos y lo práctico se extiende: mejor comprar los jamones y los chorizos ya elaborados :)

    Te dejo un beso.

    ResponderEliminar
  6. Pero luego de verlo vivo y rosadito, que triste comerlo no??? aunque no puedo negar que es muy rico!
    Cariños para ti.
    mar

    ResponderEliminar
  7. Cuando vi el cartel se me fue la imaginación más a todos esos cerdos caseros de dos patas, repanchigados en el sofá, pidiéndole a la mujer que le traiga una cerveza o cualquier otra cosa, esos que no son capaces de mover un dedo y lo que quieren es una esclava para que les haga todo. Los otros cerdos, es cierto que en los pueblos todavía se crían, pocos pero todavía hay, aunque hacia tiempo ya que no había visto el cartel. Un saludo

    ResponderEliminar