jueves, 10 de diciembre de 2009

Un duro de los de antes






Hasta hace poco se hablaba de duros, de reales hace ya más, pero de estos me contaba la abuela Isabel, sentada junto a la chimenea en el escaño, con las manos siempre ocupadas con algo, podía zurcir unos calcetines, de los de antes de los de la crisis que nunca existió, porqué lo de la crisis parece como algo nuevo que nos estremece ahora que ya ni se zurce el roto, ni se ponen remiendos a las sabanas. También solía la abuela quitar la hebra de las judías, limpiar las lentejas, migar el pan bien fuera para una sopa de ajo o el tazón de leche del desayuno, lo cierto es que la abuela siempre tenia algo entre las manos, incluso cuando parecía no hacer nada.

Entonces la radio sonaba pero como de cualquier manera, la onda nunca llegaba bien al pueblo y había que afinar mucho para coger el dial de la mejor forma y escuchar las voces mezcladas con un chirrido a veces insoportable.

La abuela que solía mencionar los precios en reales, de repente un día me hablaba de un duro, cinco pesetas de las de antes, resulta que D. Deogrcias el cura párroco del pueblo había multado con un duro, por lavar en el río un día de fiesta de guardar. Resulta que la abuela que no dejaba las manos quietas ni cuando parecía no tener que hacer, como no disfrutaba con ser rica, tenía que realizar las azanas según le cuadraba la jornada, fuera o no laboral, pues como decía ella, en casa humilde la labor no tiene jornadas ni horarios.

Pues bien, la abuela Isabel quien posiblemente no conocía la palabra crisis, a quien nunca escuche queja alguna sobre la vida y sus quehaceres, a la que no amilanaba el trabajo, ni escaseaba en redaño, se plantó en la iglesia, dispuesta a aclarar al señor cura, acipreste de la diócesis y con más poderes que el alcalde y comandante de la guardia civil juntos, que si el aplicaba la justicia divina, tendría que conocer las razones humanas.

Tomó el dinero de la caja de puros donde guardaba los ahorros, con los que tenía previsto comprar un somier de muelles y un colchón de lana, y se presentó en la iglesia.

- Don Deocracias, tome usted los dos duros de multa, que ya me ha dicho Dios con el que acabo de hablar, que de estas monedas que me quita a él deberá usted rendirle cuentas.

- Que estas insinuando, quizás ¿que yo he cometido un error?, respondió el sacerdote, con voz tajante pero tartajeando, nervioso, seguramente ante una situación para inesperada. Y por cierto es un duro el importe de la multa y no los dos que me ofreces.

- Cierto Don Deocracias, reconoció, yo entiendo que tiene usted que tomar medidas como hombre de orden que es, por lo que servidora que no es nadie para juzgar si erra en su proceder, quiere quedar en paz y pagar otro duro por haber trabajado al alba el pasado domingo.

- Pero ¿qué me dices?, replico Don Deocracias, dejando de acariciarse las manos, (un gesto que caracterizaba) para abriendo los brazos pasar a colocar sus dedos en la nuca al tiempo que se rascaba.

La abuela Isabel, que como comadrona asistía a Don Onofre, médico del pueblo en las tareas de ayudar a venir al mundo a los nacientes, explicó como Marta, la mujer de Don Zacarías el maestro, tras romper aguas durante la noche del sábado, había tenido a bien alumbrar una preciosa niña nada menos que el domingo, poco antes del amanecer.

Don Doecracias, con sus dedos entrelazados, reposado, con el aplomo correspondiente a su larga experiencia como pastor de almas, colocó sus manos en los bolsillos de la sota, carraspeó y dijo: Isabel toma la puerta, que no querría yo tener que tratar sobre mis razones con ese Cristo que nos mira.

Las fotos ilutran el fenómeno natural conocido como bardasco

9 comentarios:

  1. ¡¡jobas!! ¡¡estas si que son fotos y no las mías!! me encantan, a pesar de que dan un poco de frío.

    y me ha encantado la historia, es muy acogedora, tierna y está contada mucho cariño...

    yo soy como la abuela Isabel, siempre con algo entre manos... de hecho cuando no hago nada enrosco los dedos en una mantita que tengo porque necesito siempre estar enredando... y también soy de zurcir y arreglar porque no se trata de que se pueda comprar algo nuevo, se trata de aprovechar, de cuidar, de querer... al igual que nosotros nos tomamos una pastilla cuando nos duele algo; lo mismo con las cosas.

    biquiños y gracias por esta historia de antes.

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  2. Aldabra, gracias a ti por no faltar y poner tu apreciada nota.
    Un abrazo

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  3. entrañables anécdotas...

    donde fueron tomadas las fotos?
    besos

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  4. Que fotos me encantan. El relato me ha gustado y me ha hecho recordar algunas cosas de mi infancia en mi país.
    Saludos
    anamorgana

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  5. Me encantan tus fotografias ,capaces de transmitirme esa sensación de frio real.Sinceramente , nunca habia oido la palabra bardasco.

    La historia preciosa , picaresca y con ese toque especial de sabiduria y picardia,me a encantado.

    Un Abrazo.

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  6. Maravillosas las fotos y muy entrañable el relato. Olé por tu abuela. Saludos

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  7. mariona:Las fotos fueron realizadas en el puerto de Peña Negra, (Avila). Lugar dondese celebran cada año competiciones de parapente, tiene una alitud aproximada de 1909 metros y algunos consideran la ruta más bonita para llegar a Gredos.
    anamorgana, Vicky, Silvia. Gracias por vuestros comentarios y el buen ánim que aportan.
    Espero sigamos en contacto.
    Saludos

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  8. Me gustó mucho la historia, las fotos son geniales... pensar que acá en el sur, no estamos cocinando...

    Saludos

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  9. Qué fotos. Desde luego que tienes visión de fotógrafo. Parece que en vez de ojos tengas objetivo. Qué bonitas todas. Y yo que no conozco la nieve además....
    Pero la historia de tu abuela Isabel es insuperable. Como tus fotos. Me encanta.
    Yo recuerdo mucho a mi abuelo además, y en las primeras entradas del blog hablo muchísimo de él.
    Precioso todo.
    Tu abuela sabía ajustar cuentas bien, ¿eh? Eso me gusta.
    Tu manera de contar las cosas, tan el calma como los paisajes que fotografías, dicen mucho de ti.
    Visitar tu blog es un placer.
    Gracias por ser como eres y hacer esto como es.

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