domingo, 26 de noviembre de 2017

Estando contigo

Alba cumple 2 años

Cuando veo tu carita a través de mi cámara de fotos,
siento ese instante con el brillo de las estrellas en una noche cerrada.

Y al contemplar luego las imágenes, asoman en el recuerdo tus gestos:
Esa lengua incipiente pretendiendo contar precipitada lo que piensas.
El movimiento de las manos expresando lo que sientes.
Los pies moviéndose con el ritmo de tu encanto

¿Qué hace tu corazón para aparecer ante mi mirada
y detener la vida y mis sueños con lágrimas temerosas?
Siento extraordinario que siendo tú tan pequeñita,
alcance a quererte tanto

No puedo imaginar que las nubes dejen de dar cobijo a mis sentidos,
pues preciso ver tus juegos y tus risas,
pasear contemplando como crecen las flores a tu lado,
empujar el columpio para disfrutar de tu sonrisa divertida.

Sujetar mientras escalas los peldaños del tobogán
y descubrir la felicidad en el descenso

Sé que no entiendes mis piropos,
y mucho menos la pena por no subir a mis brazos
para bailar amarraditos, “ Estando contigo”

Algún día encontrarás en las imágenes que voy incrustando
en el disco duro del corazón,
mi mirada en las pupilas de tus ojos,
y contenta imaginar el brote de una sonrisa cómplice en esa cara tan bonita.

Cuando leas, reirás pensando que es  una broma lo que te digo,
pero has de saber que sin duda,
de todos mis amores, eres tú, pequeño  amorcito,
el que más he querido

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Origen de lo que somos


En las vegas del río Corneja, donde la tierra se hace fértil gracias a su agua, están parte de mis orígenes.

La vida asomando sin otro milagro que el del trabajo.

Recuerdo mi asombro de niño, viendo como al regar la huerta el agua avanzaba lentamente por los surcos empapando la tierra, cambiando su color y su textura, acariciando con una implacable, pero a la vez hermosa parsimonia.

En su recorrido el agua componía un ejercicio de ilusionismo al humedecer el suelo y desaparecer, convirtiendo la tierra seca y árida en el barro que según cuentan, habría utilizado dios en los orígenes, para modelar al hombre creado a su imagen y semejanza.

No es de extrañar que los agricultores sintieran y disfrutaran con fascinación, con ese fenómeno natural, por el que el agua clara de los pozos, empapaba de vida las semillas que germinaban para proporcionar el necesario sustento con coloridas verduras y hortalizas.

Sudor, sufrimiento, calamidades, mezclados para sentir la naturaleza con respeto y agradecimiento.
Una forma de vida sencilla que hacía grande la humildad de los jornaleros.


sábado, 30 de septiembre de 2017

Lavar la ropa


Lavar la ropa en los regatos era acariciar la vida  con las manos 

Enjabonar  sabanas envolventes de  sueños, afectos,  pudores,  y pasiones

Baldear la toalla secante de piel anhelante de lisonjas, cosquillas y caricias

Colar el pañuelo bordado de ilusiones para enjugar desilusiones,
flamear simpatías, despedir afectos o exteriorizar desacuerdos

Enjuagar camisas de colores y  hechuras diferentes

Aclarar las telas de buen hilo, de algodón, franela, lino…
y,  extender al sol con orgullo como si de enseñas se tratara.


Banderas de paz, trabajo y libertad siempre. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Sencillez

                                                            Barrionuevo, Piedrahita (Avila) año 1975

Asomarnos a estas fotografías “del antaño lejano” que diría Benedetti, no deja de ser como un guiño de complicidad aliado a la memoria o un pellizco, para poner en alerta los sentidos.

Hay fotografías que lucen como una antorcha en la oscuridad, pero que la memoria parece como si quisiera apagarlas. La vida asoma con el lirismo de una poesía transgresora, y nos perturba,  pues ahora  parecen mejor los ecos de sociedad impresos  en papel couche, que los provenientes  “del antaño lejano” que recuerdan el pasado.

Muestra la ropa tendida  a través de un pantalón,  que habitan en esa casa, un varón condenado por el creador a trabajar para comer el pan de cada día, y una hembra ocupada en restregar esos pantalones  en el lavadero y  coser remiendos  para tapar  desgarraduras.

Nos cuenta la “ropa tendida”, que hay que tener cuidado con lo que se dice, quizá por estar los  hijos cerca y podría no ser recomendable que los niños escucharan alguna cosa poco recomendable.

La sencillez asoma desde una puerta abierta, sin miedo ni desconfianza, y resulta  natural y hermoso contemplar el movimiento de esos  animales que cuentan que el creador pusiera para señoreo de los humanos.

Al recuperar y contemplar mis fotografías antiguas,  siento que ningún tiempo pasado fue mejor y tampoco peor, que lo más triste de la vida es el olvido y el presente de cada uno es consecuencia de lo que sucedió después y no vemos en la imagen. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Roma y los cohetes

                                Foto de Piedrahita años 80

Al ver esta foto de los paisanos preparados para atronar la vida desde el cielo, he recordado a Roma, una perra con la que compartí durante 8 años momentos de nuestra existencia.

Roma,  por eso de ser perra, carecer de espíritu y no hablar, se dirigía a mí a través de  la mirada y sus gestos. Le gustaba estar a mi lado y solía acomodarse  en el sofá del despacho, prudente y silenciosa mientras yo trasteaba con mis asuntos. Si me ausentaba brevemente, por ejemplo, para bajar a ver si el cartero había dejado en el buzón algún mensaje, al regresar, me esperaba tras la puerta para expresar su alegría por verme, y lo cierto es que nunca entendí los motivos, pues un animal sin alma, ¿qué razones tendría para celebrar algo tan trivial e insignificante, como una corta ausencia?.

Pues bien, a Roma, supongo que por tener un oído fino y sensible, le aturdía el tronar de cohetes. El ruido le alteraba de forma que ladraba nerviosa, si estaba en casa buscando un rincón donde protegerse y si estaba en la calle, corriendo despavorida hasta nuestra morada para resguardarse.

Nunca conseguí que entendiera que ese ruido tan molesto para ella era para celebraciones humanas. 

En verano en Piedrahita, con motivo de ferias, fiestas o bodas  que anuncian fidelidades que se olvidan a la vuelta de la esquina y, en invierno en Madrid, para conmemorar Navidades y dar la bienvenida a un nuevo año, con besos de compromiso y buenos propósitos, consistentes en no follar ni por supuesto hacer el amor, pero jodiendo eso sí, de manera natural.

Lo cierto es que el ruido impactante de los cohetes, se debía meter en la cabeza de Roma como:

Un portazo sin despedida, anunciando que es mejor el olvido que el cariño.

La trompeta del pregonero proclamando con un bando el fin del mundo, como si el mañana dependiera del regidor que redactó el anuncio.

El silbar de unos labios, que parecen llamarte y resultan  ser una ficción desnuda que no merece ni darse la vuelta.

El cisco que  piensas calentará el brasero y resulta ser un bullicio inaguantable.

La explosión de un orgasmo compartido que descubres ser fingido.

La sirena que parece anunciar la llegada del amor que esperas, mientras ves que se sumerge en otros brazos.

El pitido que llama,  pero como perro de hortelano  ni quiere ni deja querer.

El sonido de las cuentas del rosario al caer al suelo de tanto usar, y descubrir que estaban atadas a un hilo de mentira.

El trueno que despierta mientras sueñas participar en una orgía, revelando que la humedad es solo agua de tormenta.

El grito en el momento en que lo que se corre es la tinta sobre el folio y el rímel sobre la mejilla.

¡JODER! Roma, claro que te siento, no lamenté que te fueras, pero lloré cuando al llegar a casa y abrir la puerta no salías a mi encuentro. Claro que siento nostalgia Roma, ¿de qué manera voy a borrar de la memoria que durante los paseos, nunca te alejaras de mi lado?. Eso  incluso a  un desalmado enamoradizo como yo, le resulta imposible olvidar.


A pesar de los pesares, que no dejen de sonar los cohetes, la vida siempre sigue y no podemos de ninguna manera prescindir de la FIESTA y dejar de defender la ALEGRIA.

Si alguien siente curiosidad por Roma, su foto aparece en la portada del blog.

lunes, 22 de mayo de 2017

Mucho, mucho, mucho morro¡¡¡

Feria de Piedrahita año 1975

Se usa la expresión “tienen mucho morro”, para  calificar a quienes con independencia del tamaño de su  hocico, utilizan su ingenio para planear la forma de llenar su morral a costa de la buena fe e ingenuidad de inocentes que incapaces de ver el fondo de esa chusma, confían en ellos e incluso les eligen como representantes de la gestión de lo público.

El engaño parece pan comido, la falta de escrúpulos no tiene límite y una vez maquinado el engaño el desenlace no les importa por muy morrocotudo que pueda ser el resultado. Son capaces de esquilmar cualquier territorio y, no pasa nada, desde el poder se controlan los mecanismos para protegerse, pues el canto de uno haría caer la trama como un castillo de naipes y eso, tienen que evitar que suceda.

En la feria de Piedrahita del año 1975,  en una caseta se ofrecía: TORTILLA, CERVEZA Y MORROS. Aperitivos y refresco para paliar el bochorno. Evidentemente el morro nada tenía que ver con el de quienes en estos momentos, de espaldas a la sociedad quieren sembrar de dinamita nuestra tierra, para extraer uranio.

Si de mí dependiera, daría permiso a esa gentuza con una sola condición: que exploten la mina a pico y pala ellos y sus familias. 

domingo, 7 de mayo de 2017

Un soplo


Me sabe a poco ese instante en el que  poder mirarte a los ojos,
sentir el color de tu iris como una caricia,
percibir como la vida va madurando las facciones,
y escuchar confidencias como un susurro cargado de emociones.

Me sabe a poco ese momento,

pues  cuesta imaginar cómo se ajusta la enagua al talle de tu falda,
como es la textura de la lencería que te envuelve,
como se mueven y giran los  volantes al ritmo de tus pasos
mientras  contemplo a contra luz, la silueta de tu cuerpo.

Es breve como un soplo ese tiempo,

para disfrutar de la magia de tu pelo y sus reflejos,
para escuchar palabras, ecos y silencios,
e imaginar el roce del brillo de los labios
mientras  se amontonan  los recuerdos
y escapa fugaz el tiempo a mis sentidos.

Me sabe a poco ese tiempo
que se hace tan corto como un suspiro,

pero es ese momento como la luz de un relámpago
el que permite mirar en el mapa de la vida sus caminos
y,  aunque pueda parecer un instante
nada es pequeño cuando se agitan emociones
y vibra como una telaraña

el motor que hace funcionar las sensaciones